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No es para tanto


Nos creemos muy grandes cuando nos miramos en el espejo, pero en el fondo, no es para tanto.

El yo, arrogante,

anclado en la cima

de su diminuta colina

de sabiduría plena

riega a los oyentes

las verdades absolutas

percibidas con su mirada

profunda y penetrante.

Mirada tan panorámica

como sus amplias orejeras

de intereses concretos,

le permitan percibir.

El yo, arrogante,

apenas puede ver

el horizonte abierto,

rutinas ancestrales,

culturas acrisoladas

le encorvan la figura,

una chepa de creencias.

El yo arrogante dice:

mi verdad soy yo.

Poema XII “Otredad/Cuando los recuerdos se evaporan”

© César Sobrón

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¿Luz al final del túnel?

Las tragedias que vivimos en Europa, Oriente Medio y las silenciadas en África dicen mucho sobre la hipocresía humana y muy poco en favor de la ética occidental. Los hechos me dejan sin palabras y apenas si me queda esperanza. Supongo que a vosotros os ocurre algo parecido.

Monstruos llenos de absurdo

riegan con fuego y sangre,

único pensamiento,

siniestra puerta grande.

Los odios excluyentes

invaden corazones,

recargan los fusiles,

asesinan razones.

Vencerán nuestros besos

aliados al tiempo,

los versos y el respeto.

Crecerán las palabras

de libertad ganada

entre las amenazas.

Poema XIII

“Drinos”

Poema y cuadro © César Sobrón

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La santísima vanidad

Tal vez la Navidad y el verano sean las épocas del año donde afloran con mayor fuerza las vanidades.

Pero lo importante es renacer nuevos, reencontrarnos con el ser que nos habita y compartirnos. Os deseo a todos una semana sencilla donde os mime el amor.

La vanidad cierra las puertas,

imposibilita percibir

la grandeza ajena

que nos envuelve y acompaña

en este mundo sórdido

de ombligos poco besados.

La vanidad aleja.

La vanidad mata la ocasión

de fundirnos a los demás.

Poema XIV

Por vanidad,

asoman las miserias,

carencias y sueños

del exhibicionista arrogante

que algunos llevan dentro,

debajo del traje,

bien sujeto con la corbata

para que no se escape.

Poema XXXIX

El taburete

en el que algunos se suben,

con las patas de goma,

para colocar sus ombligos

a la altura de ajenos labios

y obligar a ser besados.

Les cuesta caer en la cuenta

que las pelotillas que albergan

impiden el espacio

a la cálida y húmeda piel

de los labios.

Poema LXII

«Abstractos»

© César Sobrón

Fotografía: Ieni Heras