
Nos creemos muy grandes cuando nos miramos en el espejo, pero en el fondo, no es para tanto.
El yo, arrogante,
anclado en la cima
de su diminuta colina
de sabiduría plena
riega a los oyentes
las verdades absolutas
percibidas con su mirada
profunda y penetrante.
Mirada tan panorámica
como sus amplias orejeras
de intereses concretos,
le permitan percibir.
El yo, arrogante,
apenas puede ver
el horizonte abierto,
rutinas ancestrales,
culturas acrisoladas
le encorvan la figura,
una chepa de creencias.
El yo arrogante dice:
mi verdad soy yo.
Poema XII “Otredad/Cuando los recuerdos se evaporan”
© César Sobrón



