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No es para tanto


Nos creemos muy grandes cuando nos miramos en el espejo, pero en el fondo, no es para tanto.

El yo, arrogante,

anclado en la cima

de su diminuta colina

de sabiduría plena

riega a los oyentes

las verdades absolutas

percibidas con su mirada

profunda y penetrante.

Mirada tan panorámica

como sus amplias orejeras

de intereses concretos,

le permitan percibir.

El yo, arrogante,

apenas puede ver

el horizonte abierto,

rutinas ancestrales,

culturas acrisoladas

le encorvan la figura,

una chepa de creencias.

El yo arrogante dice:

mi verdad soy yo.

Poema XII “Otredad/Cuando los recuerdos se evaporan”

© César Sobrón

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Oro, sangre y corrupción

«Oro, sangre y corrupción» © César Sobrón

(acrílico sobre tela 100 x 50 cm)


No hay más que mirar en el entorno próximo o levantar la vista al horizonte para percibir lo que refleja este poema visual, tanto en imagen como en las palabras contenidas en los versos. ¿Caer en la impotencia o negarse a colaborar en este juego perverso?De cada quien depende. En nuestra lucha personal hemos de tener en cuenta a quien concedemos nuestros poderes a la hora de votar. Os deseo una semana entretenida.

Seres putrefactos por la codicia.

Seres corruptos, llenos de ambición.

Idiotas cegados por la avaricia.

Monstruos muy propensos a la traición.

Riegan la tierra con sangre ajena.

Siembran el odio por cada rincón.

Escupen mentiras cuando se expresan

con sonrisas negras sin compasión.

Piensan que por el oro, todo vale.

Juegan a la vil especulación.

Tiran a las familias a la calle.

Son enfermos necios muy peligrosos

acaparando puestos de poder

a los que los pueblos han de vencer.

«Poemas visuales y tankas»
© César Sobrón

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¿Hacia la nada?

A poco que se abran ojos y oídos para observar el horizonte y escuchar los lamentos silenciados en España y en el mundo, hemos de asumir que la justicia se ha vendido al capital. Me gustaría mucho lanzar buenos augurios para este 2025, pero visto lo visto y escuchado lo escuchado, nos esperan tiempos complicados.

Cuando la justicia se tambalea,
bajo el peso de ambiciones
insatisfechas,
aparecen las cadenas de dolor
para esclavizar las neuronas
del individuo, en masa.
Muere la eficacia de las leyes.
Nada queda que, del cruel mal, nos proteja.


© César Sobrón