
A poco que se abran ojos y oídos para observar el horizonte y escuchar los lamentos silenciados en España y en el mundo, hemos de asumir que la justicia se ha vendido al capital. Me gustaría mucho lanzar buenos augurios para este 2025, pero visto lo visto y escuchado lo escuchado, nos esperan tiempos complicados.
Cuando la justicia se tambalea,
bajo el peso de ambiciones
insatisfechas,
aparecen las cadenas de dolor
para esclavizar las neuronas
del individuo, en masa.
Muere la eficacia de las leyes.
Nada queda que, del cruel mal, nos proteja.
© César Sobrón
