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Los poderes del abrazo

“El hombre es bueno por naturaleza” (Rousseau)

     Los abrazos ofrecen la posibilidad de intercambiar energías, afianzar autoestimas, desarrollar empatías… en definitiva, los abrazos nos vinculan con el entorno afectivo; con los abrazos, abrimos las puertas a ser compartidos, a recibir las cualidades de los demás y a ofrecer las nuestras. A partir de ahí, garantizamos el placer del momento compartido con intensidad y confianza mutua.

 

       Éste es el vídeo más impactante de cuantos han llegado a mis retinas. Aprender a abrazarse desde pequeños es un magnífico ejercicio para el desarrollo de la inteligencia emocional. Una danza exquisita espontánea de cuatro bebés que se narran cuánto se aman y respetan entre ellos.

       La imitación es el comienzo del aprendizaje humano. Estos cuatro, que forman esta cuadrilla, se miran, se abrazan con la mirada, extienden los brazos y se cuentan cuánto se aman. Por todos es sabido que a amar se aprende amando.

      Este vídeo me parece un magnífico material didáctico para potenciar el amor en las escuelas desde la más tierna infancia. Usarlo cada día, al comienzo de la clase, durante tres minutos, y dos semanas, para que los alumnos puedan imitarlos, asegurará una evolución fluida en el aprendizaje. Serán más propensos a observarse e imitarse mutuamente y transmitirse unos a otros los descubrimientos de cada día. Es muy posible que todo el grupo crezca bastante coordinadamente. Es de suponer que los más hábiles se preocuparán de enseñar a los que más les cuesta aprender.

      Ejercitar los abrazos es una forma de desarrollar la empatía y el altruismo, que les llevará a ser unos magníficos colaboradores en el trabajo en equipo, cuando sean adultos.

                          Fdo.: César Sobrón

       Si la reflexión te ha parecido interesante, puede que también te lo parezcan las obras infantiles para potenciar la lectura propuestas en mi página:

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Frente al yo

 

 

Mirar el horizonte de la eternidad, quema los ojos,

abre vacíos, despierta sueños.

 

El calor del más allá nos templa del frío olvido.

 

Huella de un vuelo  empapado en arena.

 

 

Fluir al agua, de nuevo, al vaivén del oleaje.

 

 

©  César Sobrón

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Para reflexionar un poco sobre educación

Educar ¿hacia dónde? ¿Qué? ¿Para qué? ¿Cómo?

Desde la más tierna infancia me he planteado estas preguntas con intensidad creciente en la medida en que iba encontrando respuestas con sus dudas a la cola y costado.

Estudiando magisterio por la rama de filología, me encontré con una obra de Noam Chomsky: “Gramática generativa”. Una obra esclarecedora para quienes se plantean interrogantes sobre cuestiones lingüísticas. Desde entonces, he tomado al autor como uno de los cerebros más lúcidos de nuestros tiempos.

Sirva como ejemplo esta reflexión, en propia voz, sobre educación.

Hay que tener en cuenta que esta reflexión se hace tras la experiencia de una vida casi vivida, con una gran acumulación de experiencias, observaciones y reflexiones. Hasta ahora el uso del poder, con el fin de mantener sus privilegios, ha hecho de la educación de las masas una herramienta socializadora que conlleva a un alto grado de alienación del individuo, donde siempre, los más vulnerables quedan desprotegidos en las tormentas económicas generadas por la insaciable codicia y ambición de los poderes.

El capitalismo y el materialismo deshonesto nos han traído a donde estamos. Frente a un abismo, con la imperiosa necesidad de cambiar de rumbo.

Precisamente, ahora, tenemos recursos técnicos para transformar el planeta en un espacio paradisíaco en el que todos los seres vivos podamos coexistir con un mínimo de armonía. Nos falta dar el paso. Encaminarnos hacia el respeto, al cumplimiento de las leyes justas, a la redistribución equilibrada de los bienes y a la satisfacción vital.

Cada cual tiene la posibilidad de educar hijos, sobrinos, nietos o vecinos con amabilidad y despertando aún más la curiosidad, el espíritu crítico y la empatía con los que le rodean.

¿Sois tan optimistas como yo al pensar que, algún día, logrará el ser humano vivir en armonía con el medio? ¿Os espanta tanto como a mí la otra opción, la evolución de los acontecimientos actuales?

© César Sobrón

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¡A por un 2017!

 

Los años se suceden, uno acaba y otro comienza. Cada año atesora  problemas y soluciones, tristezas y alegrías, sufrimientos y placeres.

 

Al acabar cada año, hacemos balance de lo vivido entre los seres amados. Al acabar el año mandamos los mejores deseos a cuantos nos rodean, con la esperanza de que se cumplan.

El 2016 se nos acaba. El 2017, a punto de comenzar.

Muchos son los que suponen que les va a ir mejor, tantos como los que temen que aún sea peor y otros,  que simplemente piensan: “Virgencita, que me quede como estoy”.

Estrenar año ya es un triunfo. Acabarlo, un éxito. Por mi parte os deseo, a todos los que leéis, un 2017 con menos penas que alegrías y cargado de deseos realizables. Para todos vosotros un abrazo literario y literal.

© César Sobrón