
Seguimos con el juego de inflar la imaginación. Ahí van otras siete propuestas, por si apetece pasar un rato jugando a hinchar historias. Recibid mis mejores deseos para esta próxima semana.
Las cerezas teñían de rojo el horizonte del camino.
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La impaciencia le ralentizó el reloj.
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Sus sueños eran tan frágiles que se quebraron al primer choque.
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Por la superficie del estanque competían las libélulas.
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Cada mañana, la vida le ofrecía otra oportunidad para sentirse satisfecho.
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Tocaba comprometerse y decidir.
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Su discurso, una eterna canción de amor fecundo.
«888 nanorrelatos»
© César Sobrón
